PALABRAS DE SHADIA KARMASH DIRIGIDAS AL EMBAJADOR MUAQQAT EN LA CENA DE HONOR CON MOTIVO DE SU VISITA A NEUQUÉN
Demás esta decir que como familia es un honor contar con Uds. es un honor que crean en nosotros, que confíen en nuestras manos para atenderlos y en nuestros sabores para deleitarlos.
Desde pequeña junto a mis dos hermanas crecimos entre dos mundos, el mundo en el cual crecíamos y el mundo que mi padre nos enseñaba, a través de imágenes de historias, de reuniones familiares, de charlas, a través de la comida ,y sus las costumbres.
Mi corazón se llena de emoción al saber que mi sentir no es único, que somos muchos, que somos fuertes, que estamos unidos, que esto no es política. Esto, es un sentir.
Desde tan lejos no podemos hacer más que hacernos escuchar, hacer saber la verdad.
Dar a conocer la realidad del pueblo palestino, realidad que nos duele , y que nos persigue cada mañana, realidad que no podemos dejar de pensar, ni ignorar.
Informar es la única forma en que la opinión pública y mundial, asuma un papel responsable y activo.
Quisiera que mi padre -al recordar su tierra- lo haga siempre con alegría,
que sus ojos ya no carguen con la tristeza de un pueblo en continua lucha por lo que nos pertenece.
Quiero que su sonrisa sea la de cientos y miles de palestinos y árabes en paz,
con los derechos básicos que se reconocen en todos los países del mundo.
Deseo que la paz verdadera se quede a vivir en cada uno de nuestros corazones.
Que nuestros niños ya no crezcan entre odios, y rencores, que no sepan de guerra, ni de conflictos, que no entiendan de la ocupación palestina y que se abra paso a la convivencia pacífica.
Deseo que el tiempo ya no pase como si nada, delante de nuestros ojos.
Deseo que la capacidad de paz, amor y reconciliación, la cual siempre admiré de mi padre, se instale en aquellas personas que dirigen nuestro rumbo y nuestro futuro.
Estar aquí reunidos, me hace sentir orgullosa de quien soy y de donde vengo,
Mi corazón agradecido, y enormemente feliz de ser parte del suelo argentino, y a la vez tener estas ganas que me empujan a gritar, que amo mi sangre palestina, mi cultura,
y la fortaleza que me brinda ser de aquella tierra santa.
Y como dijimos hace algún tiempo atrás: “nuestra sangre nunca se volverá agua”.
Termino diciendo que somos un pueblo fuerte, que somos un pueblo hermoso y bendecido. Siempre ha sido así y lo seguirá siendo.
Dejemos de construir muros y empecemos a construir puentes.
No olvidemos que no hay paz verdadera, si no viene acompañada de la justicia, la verdad, y la equidad.
Y que todo el mundo sepa que no bajaremos los brazos ni aun vencidos,
Que Seguiremos teniendo la mente clara para discernir entre lo justo y lo injusto,
Seguiremos teniendo la voz fuerte para hacernos escuchar, y seguiremos teniendo nuestro cuerpo fuerte para seguir luchando por lo que no pertenece.
PALESTINA LIBRE.