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Historia

Hemos luchado por la independencia desde la primera mitad del Siglo XX, cuando Inglaterra, la entonces potencia mandataria en Palestina, permitió el incremento de la inmigración judía hacia Palestina. Los inmigrantes judíos abogaron por convertir Palestina en un Estado judío, a pesar del hecho de que la mayoría de los habitantes de Palestina no eran judíos. Cuando culminó el mandato británico con la retirada de las tropas en 1948, la población judía había crecido del 1% a comienzos del siglo a aproximadamente el 30%, alterando drásticamente el balance demográfico de Palestina.

Con el aumento de los llamados a los inmigrantes judíos a colonizar Palestina a expensas de nuestros derechos y aspiraciones, las relaciones entre nuestros nativos palestinos y la incipiente población judía se deterioraron.

Reconociendo que había aumentado el potencial de violencia a niveles muy elevados así como las extensas contiendas en Palestina, Inglaterra elevó la situación a las Naciones Unidas en abril de 1947 para su recomendación en relación al futuro gobierno de Palestina.

Como resultado, la ONU adoptó, en noviembre de 1947, el Plan de Partición para Palestina de las Naciones Unidas (ONU, Asamblea General, Resolución 181) que llamaba a la división de Palestina en dos Estados, con la mayoría del territorio palestino para la minoría judía, a costa de la mayoría palestina.

Con la escalada del conflicto, Palestina desaparece del mapa cuando las milicias judías destruyeron más de 400 aldeas palestinas y expulsaron a más de 726.000 palestinos de su patria. El nuevo y unilateralmente declarado Estado de Israel nos negó el derecho a regresar a nuestra tierra natal e incautaron nuestras propiedades. Así, Israel condenó a dos tercios de nuestro pueblo a vivir en el exilio y ocupó el 78% de Palestina, un porcentaje que excedía con creces el 55% que había sido recomendado para establecer el Estado judío en el Plan de Partición de la ONU de 1947.

Dos décadas después, en junio de 1967, las fuerzas israelíes ocuparon militarmente el resto de Palestina y desplazaron a más de 200.000 de nuestros residentes hacia Cisjordania y la Franja de Gaza. Poco después, Israel comenzó a colonizar el territorio ocupado palestino, en grave violación del derecho internacional. La violación sistemática por parte de Israel de nuestros derechos humanos y del derecho internacional gobernando bajo ocupación militar fueron, y continúan siendo, las características determinantes de la ocupación israelí, utilizada para mantener controlada a nuestra población, nuestro territorio y nuestros recursos.

Por más de cuatro décadas, Israel a confiscado continuamente nuestra tierra para construir asentamientos ilegales e infraestructura relacionada, en un esfuerzo para controlar permanentemente vastas zonas de Cisjordania. Además, Israel ha explotado ilegalmente nuestros recursos naturales, especialmente el agua y ha deliberadamente obstaculizado nuestro desarrollo económico.

A pesar de estas políticas y prácticas descaradas, hemos mantenido una inmutable identidad nacional y conexión con nuestra patria. Contra nuestras penurias diarias, trabajamos para realizar nuestro derecho a la auto-determinación con incansable pasión, a la vez que empleamos todos nuestros esfuerzos posibles en alcanzar una paz duradera con Israel.

En 1988, hicimos un compromiso histórico al renunciar a nuestro reclamo del 78% del territorio que comprendía la Palestina histórica. Aceptamos establecer un Estado palestino independiente, con Jerusalén Oriental como su capital, en el 22% de nuestro territorio ocupado por Israel en 1967. Reconocimos simultáneamente las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de la ONU, que reafirmaban la ilegalidad de la adquisición de nuestro territorio por parte de Israel por la fuerza.

En 1993, fuimos más allá en nuestro compromiso con las negociaciones de paz con Israel para conseguir nuestros derechos nacionales a la auto-determinación y a un Estado. A través de esas negociaciones, aceptamos hacer mayores compromisos históricos en varios acuerdos temporarios, conocidos como “Los Acuerdos de Oslo” (llamados así por la ciudad en la que se dieron las negociaciones entre la OLP y los negociadores israelíes). Se suponía que los acuerdos temporarios terminarían a los cinco años de ser firmados, en 1999, y llevarían a un acuerdo permanente. El acuerdo permanente prometía terminar con la ocupación militar israelí; darnos la oportunidad de reconstruir nuestro país, incluyendo nuestra economía, sin interferencia israelí; y alcanzar una solución justa para la cuestión de los refugiados basada en la Resolución de la Asamblea General 194. Ello no sucedió.

Desde los Acuerdos de Oslo de 1993 y durante las múltiples rondas de negociaciones que siguieron (1993 a 2001 y 2007 a 2008), se logró un gran avance hacia un consenso en los parámetros de un acuerdo permanente. Paralelamente, nos comprometimos a construir un Estado, incluyendo el establecimiento de ministerios e instituciones públicas; proveer servicios sociales; construir infraestructura; y asumir responsabilidades sobre un amplio rango de responsabilidades civiles y de seguridad en nuestros pueblos y ciudades de los Territorios Ocupados.

Sin embargo, no se ha alcanzado aún un acuerdo definitivo, a pesar de casi dos décadas en las que hemos puesto nuestro esfuerzo para alcanzarlo. Bajo el liderazgo del Presidente Mahmoud Abbas, hemos fortalecido  nuestro llamado a una solución de dos Estados, aunque Israel se ha negado a comprometerse en un proceso de negociación creíble. Muy al contrario, Israel, como la potencia ocupante, ha tomado acciones unilaterales para mantener y solidificar su presencia permanente en los Territorios Ocupados. Ejemplo del continuo control sobre los Territorios Ocupados es el plan de “retirada” de 2005 de la Franja de Gaza. Contrariamente a lo que sostiene Israel, que su “retirada” terminó con la ocupación de la Franja de Gaza, Israel ha de hecho perpetuado su ocupación y opresión de la Franja de Gaza con su control constante de las fronteras, incluyendo las terrestres, aéreas y espacio marítimo. Es más, Israel ha impuesto un bloqueo permanente de movilidad de las personas y las mercancías para la entrada y salida de la Franja de Gaza. Estas acciones unilaterales no producen acuerdos de paz. Sino que las acciones unilaterales israelíes y los abusos a los derechos humanos que ello contrae han únicamente contribuido a hacer más lejana la posibilidad de alcanzar un paz duradera y estable.

A fines de 2007, se retomaron las negociaciones, cuando el Presidente Mahmoud Abbas y el entonces Primer Ministro israelí Ehud Olmert se encontraron en la Conferencia Annapolis en Maryland, con el auspicio de Estados Unidos. La conferencia concluyó con “Acuerdo Común” en el que ambas partes acordaron comenzar negociaciones directas que culminaran con un tratado de paz hacia fines de 2008. La Conferencia de Annapolis fue la primera vez que en siete años que la OLP e Israel se comprometieron a negociar. Sin embargo, las conversaciones de Annapolis no llevaron a un acuerdo para fines de 2008 debido a la colonización continua e ilegal de Israel en los Territorios Ocupados. Es más, en diciembre de 2008 Israel lanzó un ataque militar a larga escala en la Franja de Gaza, durante el cual Israel asesinó a más de 1.400 palestinos. Este ataque detuvo y eliminó totalmente la posibilidad de continuar con las negociaciones.

A pesar de los fracasos en lograr acuerdos duraderos con Israel, permanecemos comprometidos a las negociaciones para alcanzar una solución permanente y duradera para el conflicto palestino-israelí. También llamamos a todos los Estados regionales a mantener el llamado para una paz extendida en Medio Oriente que culmine el conflicto entre todos los vecinos árabes de Israel. Por ello, apoyamos la Iniciativa de Paz Árabe (API por sus siglas en inglés), propuesta por Arabia Saudita y aprobada por la Liga Árabe en 2002 y 2007. El API ofrece a Israel relaciones normalizadas con todo el Mundo Árabe cuando Israel termine completamente con su ocupación militar de Cisjordania (incluyendo Jerusalén Oriental) y la Franja de Gaza, además de proveer una solución justa para el tema de los refugiados.

Continuamos creyendo que una solución de dos Estados es alcanzable, pero debemos señalar que las esperanzas de lograrlo parecen alejarse. Por ello, participamos en las “conversaciones de proximidad” auspiciadas por Estados Unidos, durante las que presentamos nuestras posiciones en todos los temas definitivos en un esfuerzo por recomenzar negociaciones directas y poner fin de una vez a nuestro prolongado conflicto. Creyendo en ello, acordamos una vez más comprometernos en negociaciones directas en agosto de 2010, señalando que la colonización israelí en los Territorios Ocupados debe culminar.

Palestinos e israelíes estamos en una coyuntura crítica. Las elecciones hechas ahora tendrán impacto en la región para las generaciones venideras. La continuada ocupación militar israelí es la fórmula para continua violencia, inseguridad y pérdida de vidas, mientras que la realización de nuestros derechos es la fórmula para la paz. ¿Elegirá Israel paz u ocupación? Una solución de dos Estados es factible, y el momento de actuar es ahora.